domingo, 15 de octubre de 2017

33. Sabrina ha llegado



            Un día conversaba con alguien y me advirtió que me buscaban, pero no di mayor importancia.
            Estaba en el aeródromo donde trabajaba trece días en dos semanas y mi hológrafo me mostraba a su hermana mayor ahora esperándome para charlar. Durante un descanso fuimos al comedor a conversar.
—Vengo a contarte cómo está Mysty, tu amada. Ella solo ha tenido una descompensación, pero está bien. Además me encargó de entregarte este mensaje —mientras me pasaba el dispositivo con la holografía que me enviaba—y me dice que por favor no vayas a verla porque ahora ha llegado su marido.
—Está bien, pero necesito saber de ella é iré a verla en diez días mas.
—Espera ¿adónde crees irás?
—Voy a ir a verla.
—¡No! su esposo ha llegado, está con ella, imagínate el pobre dos meses sin verla ¡cómo estarán acurrucados ambos todo el día! — esta hermana era una verdadera arpía e inmediatamente cambia el asunto de la conversa— pero yo te tendré al tanto de cómo le va ¿te parece bien?
            No sabía qué contestar y asentí a su idea.
            Luego de conversar sobre otros asuntos intrascendentes comienza a explicarme planes suyos acerca de habitar en esta zona.
—Dime ¿me puedes acompañar?
—Acompañar ¿para qué?
—Bueno, porque espero radicarme por esta zona, sabes soy periodista y hago trabajo de reportear lugares diversos, tan abandonados ahora que solo se habla de las zonas del exterior.
—Si ya sé tu trabajo, pero cómo puedo ayudarte si solo vivo en este lugar momentáneamente.
—Pero sí podrás ayudarme. . . mira tu casa es espaciosa y me cuentan que solo pasas en ella un día cada dos semanas ¿verdad? quisiera habitarla.
—¿Tú vivir en mi casa? Ni mi amor del espíritu vive aquí todos los días ¿y tú?
            Como advirtió una especie de advertencia moral sobre su comportamiento tan resueltamente provocador, este espécimen de astucia calculada sabía captar las sensibilidades (y debilidades) del carácter ajeno:
—Por favor recuerda que soy la hermana de tu amor y así estarás siendo informado en todo momento de lo que suceda con ella, especialmente en su vida con su esposo, acuérdate que ellos viven en nuestra casa familiar.
            ¡Qué mujer tan astuta! Ya sabía ella que le pondría reparos e inmediatamente se aprovecha de mi necesidad imperiosa de saber, conocer cada detalle de la existencia de mi única mujer, la cual constantemente cuando desaparecía no estaba informado de cómo era su vida, ya que no conocía a gente cercana a ellos, lo que causaba estragos en mi mente al solo pensar que esa mujer, mi diosa, vivía con su marido ¿sería infeliz con él como aseguraba ó sería una mentira y tal vez solo deseaba dejar contento al amante y así gozar plenamente su relación sin dejar dudas? Pero eso significaría que ella era una farsante y yo un estúpido.
            Tales pensamientos venían a mi mente muy a menudo a medida que iba creciendo y otras personas me advertían de que esta relación no sería de final feliz para mí.
Recuerdo esas advertencias:
—Mira cadete —me decía Milashka— tú eres muy joven para tener de amante una mujer casada.
—Si pero ella es mas joven que yo.
—Eso es relativo porque tú mente aun es joven y la de ella es mas madura y te ha engatusado ¿entiendes eso?
—Eso lo dices para apartarme de ella y comience a relacionarme con tu hermana —enojado estaba.
—Si, tienes razón en eso, pero además es que ella no te conviene.
            No contesté ante esas advertencias que me parecían estúpidas y repliqué con ironía:
—¿Acaso olvidas que tu mismo hermano mayor está casado con dos mujeres y además tiene una amante?
—Si, no lo olvido, pero en tu caso es diferente porque tú no eres quien manda, es ella, ella la dominadora, una extraña mujer que te usará quizás para qué.
—Esas solo son ideas tuyas y de tu abuela, esa anciana demente que dice que mi linda Mystysiva tiene un alma poseída por el demonio. Ella es normal y solo somos dos seres que nos amamos ¡Qué no entiendes eso acaso! El amor es puro, es limpio, es santo, además es común que un hombre soltero tenga una compañera.
—Una compañera de otro hombre y de la cual no sabes casi nada ¿verdad cadete Xxxxxxxx?
            Por ello mi mente estaba constantemente necesitada de conocer mas de Mystysiva, saber cada día qué hacía, con quién se juntaba, quiénes eran los seres que disfrutaban su compañía y ahora al tener a su hermana viviendo conmigo me permitiría conocer mas de mi linda mujer, anhelaba saber mas de ella.
—Tienes razón Sabrina, la casa tiene dos habitaciones, con sus piezas auxiliares y compartirías conmigo los créditos a pagar por el alquiler ¿verdad?
—Sí Xxxxxxxx, los compartiré contigo mientras vivamos ahí.
            Al responder ante esa propuesta económica me extrañó el tono tan efusivo con que afirmaba eso de “compartir”.
—¡Ah! Pero además tengo unas plantas, espero que las cuides, mira que cuando tenga mi casa propia las plantaré para que descansen.
—Tus plantas las cuidaré siempre, no te preocupes.
            La verdad es que soy muy ingenuo para estos asuntos de presentir los pensamientos, actitudes ajenos y solo pensé: qué bueno tenerla cerca porque ahora sabre cómo es mi amor Mystysiva, conoceré de primera mano sus idas y venidas y trataré de dilucidar esa cosas desconocidas de su vida que siempre he notado me oculta.